Cuando llegan los períodos eleccionarios, suelen suceder extraordinariamente cosas muy malas y cosas muy buenas. En las primeras, se destacan el nuevo paisaje urbano, jardines y calles llenas de publicidad política, con caras de “Soy el mejor”, voten por mi, haciendo detestable “pasear” por las calles porteñas y viñamarinas.

Pero por el lado contrario, la mentalidad del chileno, de que haciendo cosas públicas, la gente te querrá más, ha permitido el surgimiento de “buenas” obras a la comunidad.

Luis Parot, candidato a Diputado (UDI) por Valparaíso, estimó que un gran golpe sería pintar el edificio Luis Cousiño, conocido como La Ratonera (aún se preguntan por qué?). Su intención, es evitar que siga siendo un punto negro en la ciudad, rodeada de virtudes patrimoniales.

Sin duda, que independiente de sus intenciones indiscutiblemente electorales, la idea es bastante buena, considerando además que no solo es foco de basurales, sino también de delincuencia.

Me ha tocado caminar por ese sector, en mi condición de músico noctámbulo, y fácilmente se aprecian ratones con forma de gatos, inmensos… y a un costado, mendigos buscando refugio. Incluso, han sido estos mismo mendigos los que han sufrido de los peligros de este nicho, al ser ultimados por delincuentes mientras duermen.

El pintado y cercado de La Ratonera, es parte del lado bueno de las elecciones, cuando los candidatos se ponen la mano en el bolsillo, haciendo demagogia, pero aportando a la ciudad no solo con palabras y ausencias al Congreso, sino también con la platita que algún día duplicarán en el poder.

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