Queda un día para la nochebuena, y sin duda la TV, los medios, nuestra propia gente se encarga de demostrarnoslo, corriendo con bolsas, regalos, bolsas con verduras para la comida, etc.

Los que ya somos grandes, o por lo menos lo intentamos, estamos ante dos opciones: la esperanza de algún regalo sorpresa que nos devuelva aunque sea por algunos segundos la emoción más pura y sincera de la navidad: abrir un regalo; o renunciar a ello y esforzarnos por hacer de los que sueñan todo un mes por este día, el mejor del año: los niños.

Hoy por hoy, la Navidad dejó de ser una festividad puramente cristiana. Chile, no discrimina la religión y se encarga mediante organismos con o sin fines de lucro, que todo niño tenga algún regalito. Y es que la Navidad es como dicen algunos medios una fecha muy alegre o muy dramática. Los niños, las familias gozan unidos este día. En cambio, otros seres humanos, dado el escenario en el que se encuentran, sufren la soledad, enfermedad, o simplemente no pueden soportar su incapacidad de poder obsequiar un engañito a sus seres queridos.

Así es la Navidad, una etapa más de nuestra humana existencia, esa que nos confunde en significados materialistas, por sobre los emotivos y espirituales. Regalar silencio puede para algunos ser el mejor obsequio, regalar una conversación, un abrazo, un perdón, un saludo telefónico, un te quiero, un “te admiro”, un te echo de menos, etc… palabras de lo más profundo del alma, que sin ser religiosas, expresan el verdadero concepto de esta fecha: Amor.

Feliz Navidad!

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